Me gusta ver las gotas de lluvia deslizarse en la ventana y el olor a tierra mojada.
Me gusta escuchar la música de las palabras y el arrullo de la voz.
Me gusta recordar la vieja tienda de ultramarinos de mis tíos al caer el sol en las tardes de verano, y las reuniones con ellos, sus seis hijas y algunos otros familiares. En aquella sala con olor a pimentón y a canela, acomodados entre los cajones del pienso de los conejos y los sacos de legumbres se enredaban comentarios acerca de algún vecino, sucedidos, chistes, novedades que traían los forasteros… Y más pronto que tarde llegaba ese momento mágico en el que todos quedábamos pendientes de una sola voz, de una historia única que centraba toda la atención. Tuve la suerte de ser aquella voz en algunas ocasiones y gozar de un público cercano y entrañable.Y creo que desde entonces también me gusta contar."



Un cubano de toda la vida (la suya) que por azar se hizo manchego desde hace un tiempo, el mismo que trata de vivir del cuento lo más dignamente que permite la expresión y no morir en el intento.Su vocación fueron siempre las palabras y desde hace catorce años cuenta y lo ha hecho en casi todo el territorio español, en Cuba, Venezuela, Costa Rica, Colombia, Francia, Túnez y Maruecos y para todos los públicos y edades y en bares, cafés, plazas, colegios, bibliotecas y...en cualquier sitio donde esté la oreja imprescindible para que el cuento se haga memoria común y viva, definitivamente.


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